¿Saldrías a correr descalzo sobre el asfalto a las dos de la tarde en pleno julio? Probablemente no. Sin embargo, muchas veces olvidamos que las almohadillas de nuestros perros están en contacto directo con las superficies de la calle, las cuales absorben el calor de una manera abrasadora. Aunque la piel de sus patas es más gruesa que la nuestra, no está diseñada para soportar las temperaturas extremas que alcanzan los pavimentos modernos durante el verano.
A diferencia de los humanos, que regulamos la temperatura corporal mediante el sudor en toda nuestra piel, los perros solo lo hacen a través del jadeo y de las glándulas sudoríparas ubicadas, precisamente, en sus almohadillas. Esto significa que si esta zona se quema o se daña de forma severa, no solo sufrirán un dolor intenso, sino que también se verá comprometida su capacidad natural para mitigar el calor, incrementando notablemente el riesgo de sufrir un golpe de calor.
La regla de los 5 segundos
Para comprobar si el suelo es seguro para tu perro, coloca el dorso de tu mano sobre el asfalto durante 5 segundos continuos. Si no eres capaz de aguantar el calor, significa que el suelo está listo para causar quemaduras y grietas en las almohadillas de tu compañero.
Es importante recordar que el asfalto, el hormigón e incluso la arena de la playa actúan como auténticos radiadores. En un día de verano con una temperatura ambiente aparentemente manejable de 25 °C, el pavimento expuesto al sol directo puede alcanzar fácilmente los 50 °C. Si la temperatura exterior sube a 30 °C, el suelo puede dispararse por encima de los 60 °C, una temperatura que destruye el tejido celular de la piel en cuestión de segundos.
Rutina de protección estival
Para evitar que las almohadillas se resequen o sufran daños mecánicos debido a la arena o el pavimento caliente, es necesario seguir tres pasos básicos:
- Pasear en horas frescas: Adelanta la salida al amanecer o retrásala hasta bien entrada la noche, cuando el suelo haya liberado el calor acumulado. Busca siempre zonas con sombra, parques con césped o senderos de tierra.
- Limpieza e inspección: Al volver a casa, revisa que no tengan cristales, espigas o restos de alquitrán pegados. El alquitrán derretido por el sol se adhiere con facilidad a los pelos interdigitales y puede provocar infecciones de difícil curación si no se retira a tiempo.
- Repelente y regeneración natural: Tras limpiar las patas, el uso de aceites o extractos calmantes ayuda a aliviar el estrés de la piel. Pulverizar nuestro Repelente natural de insectos con citronela (250ml) tras un baño de agua tibia ayuda a calmar las zonas expuestas, aportando frescor natural y manteniendo a los parásitos terrestres alejados durante el descanso. El agua templada o ligeramente fría ayuda a contraer los vasos sanguíneos y a reducir la inflamación leve producida por la caminata.
Cómo identificar y actuar ante una quemadura
A veces, las lesiones no son evidentes de inmediato, pero el comportamiento de tu mascota te dará las señales de alarma necesarias. Presta especial atención si notas algunos de los siguientes síntomas tras un paseo:
- Tu perro camina con dificultad, cojea o se niega a seguir avanzando.
- Se lame o muerde las patas de forma compulsiva.
- Las almohadillas presentan un tono inusualmente oscuro, enrojecido o descolorido.
- Aparecen ampollas, zonas peladas o desprendimiento de la piel externa.
En caso de sospechar de una quemadura leve, lo primero que debes hacer es lavar la zona con abundante agua fresca y limpia para bajar la temperatura del tejido.
Evita aplicar hielo directamente, ya que el frío extremo podría agravar la lesión cutánea. Mantén a tu mascota sobre superficies suaves y limpias para evitar que entre suciedad en las heridas.
Si notas grietas profundas, descamación o si tu perro cojea después de caminar, visítanos en la tienda física o consulta con el Centro Veterinario Bestialis para aplicar un bálsamo reparador clínico específico. Recuerda que una atención rápida no solo alivia el sufrimiento de tu fiel compañero, sino que previene infecciones secundarias que podrían poner en riesgo su movilidad durante toda la temporada.
¡Este verano, cuida de sus pasos tanto como él cuida de los tuyos!